El phishing, el smishing y el vishing son técnicas utilizadas por los ciberdelincuentes para engañar a los usuarios y conseguir información personal, contraseñas o datos bancarios.
El correo electrónico es uno de los principales canales utilizados para iniciar este tipo de ataques. Los delincuentes suelen hacerse pasar por bancos, empresas u organismos conocidos para conseguir que la víctima confíe en el mensaje.
Las consecuencias pueden ser importantes. Una ciudadana de Logroño descubrió, por ejemplo, siete transferencias realizadas desde su cuenta bancaria sin su autorización. El importe total ascendía a casi 11.500 euros.
Diferencias entre phishing, smishing y vishing
El phishing utiliza principalmente correos electrónicos fraudulentos que imitan las comunicaciones de empresas y organizaciones legítimas. El objetivo suele ser conseguir que el usuario facilite información confidencial o acceda a una página web falsa.
Los delincuentes pueden solicitar datos como contraseñas, números de tarjetas bancarias o información personal. También pueden incluir enlaces o archivos destinados a comprometer el dispositivo de la víctima.
El smishing utiliza una estrategia similar, pero el engaño llega mediante un SMS. El mensaje puede advertir sobre un supuesto problema con una cuenta, un paquete pendiente o una operación bancaria para conseguir que el usuario actúe rápidamente.
El vishing, por su parte, utiliza llamadas telefónicas. El delincuente suplanta la identidad de una empresa, entidad bancaria u otra organización para intentar conseguir información personal o financiera.
Aunque utilizan canales diferentes, estas técnicas comparten un mismo elemento: intentan ganarse la confianza de la víctima para conseguir que facilite información o realice una determinada acción.
Cómo protegerse de estos intentos de fraude
Ante un correo electrónico, SMS o llamada inesperada, es importante comprobar quién solicita la información antes de facilitar cualquier dato.
También conviene seguir algunas medidas básicas de seguridad:
- No facilitar contraseñas ni códigos de seguridad recibidos por SMS o mediante aplicaciones de autenticación.
- Evitar acceder a servicios importantes desde enlaces recibidos por correo o SMS. Es preferible escribir directamente la dirección en el navegador o utilizar la aplicación oficial.
- Comprobar el remitente y el contenido del mensaje antes de descargar archivos o pulsar enlaces.
- Mantener los dispositivos y aplicaciones actualizados para disponer de las últimas correcciones de seguridad.
- Utilizar contraseñas diferentes para cada servicio y activar la autenticación en dos pasos cuando esté disponible.
- Contactar directamente con la empresa o el banco si existen dudas sobre una comunicación recibida.
La rapidez también juega a favor de los ciberdelincuentes. Los mensajes fraudulentos suelen intentar generar preocupación o urgencia para conseguir que la víctima actúe sin comprobar la información.
Por este motivo, ante una comunicación sospechosa es recomendable no realizar ninguna acción inmediata y verificar primero su autenticidad a través de los canales oficiales.
Puedes consultar más información sobre estos ataques en El Economista.